Frozen.

¡Hola, familia bonsailera!

Hace unos meses os compartimos el trabajo de diseño realizado durante la demostración que llevamos a cabo en Fuenlabrada, en el congreso ABEAEB celebrado en noviembre de 2021.

Pues menos de un año después hemos hecho el segundo trabajo de alambrado.

La importancia de saber el orden de las cosas.

Aun a riesgo de sonar repetitivo, muchas veces, demasiadas desgraciadamente, se hacen trabajos en los que prima la silueta del árbol, el darle esa finura de etapas posteriores. Sin embargo, el formar la estructura de base de nuestros bonsáis es lo realmente importante. El posicionado del verde en detalle viene después, según nuestro bonsái gana en madurez. Evidentemente hay trabajos en los que, en ese primer diseño, podemos dar un acabado de artículo puesto que no conlleva grandes torsiones con lo que la salud del árbol no va a resentirse en absoluto.

Os dejamos aquí el enlace del primer trabajo que se hizo en dos partes: la demostración y, semanas después, se colocaron un poco más las ramas secundarias y se ajustaron longitudes.

¡Metámonos en harina!

Aspecto al terminar la demostración. Ancho 100cm.

Como decíamos más arriba, sentamos las bases del futuro bonsái.

Tiene aspecto desaliñado, sí. ¿Es eso lo importante? No

Frente. Pinus sylvestris. 64x90cm.

Así lo dejamos tras esos retoques. Siempre es cuestión de tiempo el dar más detalle.

Dejamos toda la acícula posible para mejorar el vigor tras el trabajo.

Vamos a ver ahora, una vez quitada la cinta y desalambrado por completo, cómo plegaron ramas y tronco en sus puntos más críticos.

Rama de contrapeso. Vemos la exudación de resina tras la torsión. Dejar todo el verde posible queda justificado.

Recordemos que esta rama tenía madera muerta por debajo y que llegaba hasta el punto en el que doblamos el tronco también, por lo tanto, las torsiones eran peligrosas puesto que la rigidez de la madera seca puede hacer que, durante el doblado, parta la rama o tronco con mayor facilidad.

Vista desde atrás se aprecia el pliegue de la madera y la vena.
El tensor que fija la doblez del tronco ha marcado la corteza a pesar de tener esa zona encintada y haberse usado protectores de goma.
Colocamos el tensor para sustituir el primero, lo tensamos y cortamos el viejo.
Ha dejado una buena mordida…

A la derecha de la imagen podemos ver algo de resina en la corteza fruto de la torsión en el tronco.

Hemos aprovechado para tensar un poco más y cerrar la curva.

Pasemos ahora al refinado del árbol:

Brotes de la rama principal. En este caso, queremos ganar longitud. Cortaremos el brote sujeto con los dedos para eliminar el ‘tridente’. Recordad que no debe haber más de dos brotes naciendo de un mismo punto para evitar engrosamientos indeseados.
Lo cortamos y aclaramos algo de acícula. Esta limpieza de hojas no es en detalle. Todavía no está el bonsái en ese momento. Seguimos priorizando el vigor pero en este caso ya comenzamos a equilibrarlo.
El brote interior también tiene un tridente pero, contrariamente al ejemplo anterior, aquí priorizamos la brotación interna y por eso cortamos el eje central de la ramita. Con eso también ganamos conicidad.
Podada y limpia.
Esta es la ramita que se ve a la derecha de la que tenemos en la mano, en la fotografía anterior a esta, vista desde el frente. Señalamos un brote con el dedo que mira hacia abajo. Las anteriores vistas son cenitales.

A la hora de hacer limpieza de hojas y selección de brotes es necesario colocar la rama en la posición aproximada en la que irá.
Una vez limpia vamos a alambrarla.
El alambre va en dirección contraria a las agujas del reloj. El que hemos quitado llevaba el otro sentido.

Siempre que podamos, alambraremos alternando el sentido de una vez a otra para evitar caer en las anteriores marcas de alambre si se ha clavado en algún punto.

Como, girando el alambre a izquierdas, lo que haremos será poner el brote que miraba algo hacia abajo mucho más vertical, tenemos que girar la rama con la mano de sujección en dirección contraria al sentido de alambre que traigamos.

Para ello lo torsionaremos más de la cuenta para compensar el giro del alambre.
Al cerrar el alambre lo haremos por debajo del brote para que sujete este y que no caiga.

Para que os resulte fácil de recordar: el alambre quedará como el codo al sostener la cabeza de un bebé que tenemos en brazos. De ese modo, la cabeza reposa sobre nuestro brazo.

Esa primera ramita de la Shashi eda queda así terminada.

En este proceso de ir limpiando acícula, seleccionar brotes y alambrar para dejar cada cosa en su sitio, he revivido la sensación de satisfacción de ver cómo avanzan los bonsáis, cómo los acompañamos. Cómo, poco a poco, a cada hoja que se limpia, cada brote seleccionado y cada alambre que lo guía, se puede ver el proceso de ‘aparecer’, de algo descolocado, el orden y, en mayor medida, darse cuenta de que de ese prebonsái surge un bonsái hecho y derecho, algo similar a lo que debe sentir un escultor al tallar la piedra y observar su idea tomar forma a cada golpe del cincel. El bonsái nos da esos momentos, si no podemos disfrutarlos nos estaremos perdiendo la esencia de este arte.

Rama principal terminada. Vemos el jin resultante del aclarado de ramas excesivas.
Torsión que se dió en la rama secundaria para acortar su longitud. Este es también el momento de ajustar/corregir esas curvas.
Tras el ajuste. Frente.
Vista desde el interior/lateral.
Tras el ajuste, vista lateral interior.
Y la vista cenital tras las modificaciones.
Shashi eda vista desde abajo.
Curvas de una rama trasera vista desde abajo también.
Detalle de la base del árbol. ¡Este tachiagari es de aúpa!

Vista lateral izquierda tras el ajuste del primer diseño.
Después de este trabajo le hemos quitado ‘chepa’ al aclarar ramas sobrantes.
Recordemos el árbol antes de la demostración. 115cm de anchura.
Frente. Pinus sylvestris. 64x90cm. 2021.
Frente tras el segundo modelado. 63x86cm. 2022/09/18.

Deseamos que nuestra metodología de trabajo sea también la vuestra y que, estos ejemplos os guíen para seguir mejorando vuestros conocimientos y por ende, vuestros bonsáis.

Estamos en septiembre, época de fin de verano y el riego se convierte en una locura. Días de tener que regar dos veces, al día siguiente solo un riego, al siguiente solo las plantas de acento, al siguiente dos veces otra vez…son días muy cambiantes: sol y calor, nuboso pero ventoso, día de lluvia intensa, sol con calor y viento, sol y frío…así que recordad que: AGUA DEL CIELO NO QUITA RIEGO.

¡Un saludo y hasta pronto!

David.


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