¡Hola de nuevo!

No pasa nada si cambiamos de parecer en nuestra decisión al diseñar nuestros bonsáis, lo que no podemos hacer es cambiar de plan constantemente porque entonces, nuestro bonsái, no avanzará nunca.

La historia de este árbol es sencilla, un material de origen yamadori con buen tronco y corteza y con ramitas demasiado delgadas como para ser importantes o, mejor dicho, destacables, en una primera formación.

Frente tras el primer diseño.

Se tomó el frente desde donde la disposición de las ramas era mejor y se posicionaron en consecuencia dejando, como se puede apreciar en la imagen superior, multitud de tirasavias para favorecer su engrose.

Antes de su segundo modelado.

Hemos limpiado la acícula vieja para poderlo alambrar bien después de haberlo dejado un tiempo de crecimiento libre para promover su desarrollo.

Y, en este momento, surgen las dudas de si el frente elegido es el mejor o no. Desde aquí, como dijimos, las ramas crecen en los lugares idóneos con el frente despejado y buena cantidad de ramas traseras, el movimiento del tronco es suave, pero muy bonito. Un bonsái de lineas sencillas.

Parte trasera.

Como podemos apreciar, hay gran cantidad de ramas.

Ahora que ha madurado algo, lo vemos con otros ojos y se plantea la posibilidad de usar la parte trasera como frente. El movimiento del tronco debería ser igual por delante que por detrás ¿no?. Si miramos una S desde su espalda, las curvas son iguales, pero ya no es una ese, podría, en todo caso ser un 2 (imaginemos que las curvas de este 2 son iguales a las de la S). No sé si se entiende bien. El caso es que las curvas, siendo iguales aunque contrarias, como no se tuercen en un mismo plano (como una letra en un papel), tienen profundidad diferente hacia adelante y hacia detrás y se ven de distinta forma. Hay una regla del bonsái que dice que el nacimiento del tronco debe dirigirse hacia atrás. Si tenemos un árbol así y nos fijamos en esa primera parte desde su espalda, la sensación que nos ofrece es totalmente diferente, es una cuestión de perspectiva. Eso, precisamente, es lo que ocurre en este caso, la perspectiva cambia y, a pesar de que las ramas están mejor dispuestas en el frente original, su aspecto general mejora ostensiblemente desde este nuevo ángulo.

La decisión es irreversible porque hay que eliminar tres ramas traseras que ahora ocultarían el tronco y, una vez metida la tijera, la parte trasera se nos quedaría muy desvestida.

Desde el nuevo frente hay varias ramas laterales que miraban hacia adelante y que ahora deberán hacer la función de traseras otorgando profundidad a nuestro diseño.

Cortamos las ramas sobrantes.

Ya no hay vuelta atrás. En la imagen es difícil apreciar el primer tramo del tronco porque se confunde con el sustrato por detrás al tener que inclinar el bonsái hacia adelante en su nueva posición de plantado.

Hay que alambrar y también trasplantaremos para corregir el ángulo y seguir cultivando.

Letaral derecho.

Nos hemos visto obligados a cambiar la maceta porque estaba en una de baja calidad y, al sacar el bonsái, la hemos partido por la mitad con nuestras manos sin querer. Ahora está en un súper macetón de Bigei, Tokoname, que encima, le queda muy bien.

Se puede ver que hay ramas traseras suficientes aunque no en el gran número que teníamos antes. También hemos trabajado el tocón del ápice haciendo un jin y algo de shari en la parte trasera además de los tocones de las ramas que se han cortado en el nuevo frente.

Seguimos dejando tirasavias en la primera rama y en la zona del ápice para corregir los grosores que ahora son insuficientes en relación con el tronco.

En la parte trasera del nebari hemos puesto musgo ya que ahí quedan algo expuestas las raíces. Y, también, en ese punto, se ha reducido el tocón de una raíz de unos 4 cm de diámetro que, afortunadamente, se ha podido acortar unos 10 cm de longitud debido a que, salvo un par de raíces no muy importantes al final, el resto estaba sin ramificaciones hasta el punto en el que hemos llegado a algunas raicillas laterales.

Frente.

A nuestro bonsái le queda mucho camino por andar, pero creo que coincidiréis en que el cambio ha sido a mejor puesto que ahora es mucho más dinámico. Cultivaremos nuestro ejemplar en base a ese objetivo. Engordar la rama principal, la segunda de la izquierda, las dos ramas ramas traseras más bajas y la continuación del tronco a la vez que aumentamos las ramificación en todo el árbol. Ahora protegeremos el pino en invernadero todo el invierno para evitar sustos tras el trasplante aunque este ha sido prácticamente un “sacamete”. Recordemos que el nuevo frente lleva cambio de inclinación y que estábamos en la diagonal de la maceta debido a esa raíz gruesa que no se pudo acortar en su primer trasplante. Es decir, hemos cortado algo de las esquinas, la parte baja del frente y algo de las raíces más superficiales de la parte trasera. El resto del cepellón se mantiene intacto.

El aspecto final no tiene “brillo”, pero no es el momento de un acabado ultra refinado si no de sentar las bases para un futuro brillante. Cada cual trabaja a su manera, nosotros lo hacemos pensando en la imagen tras una o dos “unidades de tiempo japonesas”. Ellos piensan en lo que en occidente llamamos decenios mientras nuestras miradas se ponen en un año o dos vista y que, lamentablemente para nuestros bonsáis o nuestra paciencia, nos empeñamos, a veces, en querer acelerar cosas que es imposible apresurar. Los árboles tienen un ritmo de vida diferente al humano y eso, desgraciadamente, no nos entra en nuestras cabecitas occidentales tan fácilmente. Trabajar cerca de un gran maestro como Imai Chiaru nos aportó muchas técnicas y formas de desarrollar un diseño pero, sin lugar a dudas, su forma de pensar en el futuro del bonsái cuando hubieran pasado diez o veinte años, eso se marcó a fuego en nuestra manera de vivir el bonsái. Gracias a esa experiencia pudimos adecuar nuestro ritmo al de nuestros bonsáis.

Esperemos que os guste.

Un saludo y hasta la próxima entrada.

David.


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