Cuidados post-trasplante.

¡Hola, familia bonsailera!

Acabando la vorágine de los trasplantes vamos a incidir en qué hacer con nuestros bonsáis para mejorar los resultados, porque, desgraciadamente, a veces, se olvidan ciertos puntos que pueden ser vitales. No nos extenderemos mucho ni lo abordaremos de manera excesivamente técnica para que sea más fácil de entender y sencillo de asimilar.

El primer punto y que, sorpresivamente, mucha gente se pasa por el arco del triunfo, es el anclaje. Vale que hay ciertos ejemplares que no se pueden sujetar fácilmente, pero demasiado a menudo me encuentro con bonsáis que no han sido anclados. Que no se mueva el árbol es indispensable para que las raíces puedan crecer correctamente, sobre todo, hasta que se establece la planta.

A veces hay que buscarse las mañas para poder sujetarlos.

El segundo aspecto a tener en cuenta y que tiene relación directa con el anterior es protegerlos de la evaporación excesiva por la acción del sol o del viento. Buscaremos un lugar sombreado como emplazamiento ideal y, además, protegido del viento, por dos motivos, uno, que no se muevan o caigan y, dos, evitar la transpiración excesiva tanto del sustrato como de la masa foliar en el caso de los trasplantados que conservan las hojas.

El viento puede mover el árbol e, incluso, puede tirarlo de la estantería aunque esté anclado a la maceta y esta a la estantería.

El tercero es la temperatura. Por debajo de los 20ºC la actividad de la planta se ralentiza y por encima se acelera hasta que llegan a temperatura de colapso, tanto por exceso (superando los 35ºC) como por defecto (bajando de 0ºC). Si podemos mantenerlos entre los 20 y los 25 grados centígrados nuestros bonsáis van a reaccionar con una brotación perfecta. Si tenemos un clima favorable podremos mantenerlos en el exterior sin mayor problema, eso sí, teniendo en cuenta los dos puntos anteriores.

Según las especies, algunas van a requerir más temperatura para favorecer la brotación. Por norma general, los caducifolios «piden» menos calor y pueden desarrollarse perfectamente por debajo incluso de los 15ºC.

Las coníferas, las especies mediterráneas y casi todos los árboles de hoja perenne y ancha, prefieren el calorcito. Pinos, gardenias, olivos, encinas, eleagnus…son algunos ejemplos.

Una cama caliente o un invernadero nos ayudarán.

Y la cuarta cosa a tener en cuenta es, como estaréis imaginando, el riego. Debemos dar a los bonsáis la cantidad exacta para evitar encharcamientos o que, en algún momento, los falte hidratación. Tan mala es una cosa como la otra. En el caso de defecto de agua lo notaremos rápido en caducifolios que ya están brotando, pero si nos pasamos de riego, las consecuencias se notarán a más largo plazo. Dependiendo de las especies, podremos regar más de la cuenta sin problemas o, al contrario, vamos a poder distanciar la frecuencia de los riegos manteniendo el sustrato bastante seco.

Por poner un par de ejemplos, los arces pueden recibir mucho agua, no hace falta dejar secar la superfice entre riego y riego y es difícil que tengan problemas de exceso de humedad aunque las temperaturas sean bajas. En general, casi todos los caducos funcionan así. Pero no abusemos de su adaptabilidad a esas condiciones.

El ejemplo contrario serían los pinos, concretamente el sylvestris. Necesitan temperaturas altas, por encima de los 18 grados y la humedad en las raíces justa. Tenemos que dejar secar bien la superficie. Cuanto más profundas queden las raíces, más altura de sustrato ha de secarse bien para evitar que las raíces del fondo se mantengan demasiado húmedas. Si está muy micorrizado, la absorción de agua es mejor y, por tanto, habría que dejar secar más. Si hemos trasplantado un pino de origen yamadori que tiene raíces a bastante profundidad pero que posee raíces cercanas a la superficie, hemos de jugar con los riegos. Regaremos a fondo, empapando bien el sustrato dejando pasar el tiempo que sea necesario para evitar encharcamientos y, para proteger las raíces superiores (que serán el futuro sustento del bonsái cuando, en los posteriores trasplantes, podamos cortas las raíces largas), «regaremos» la copa. Esto dará a nuestro pino humedad en la copa evitando que se resequen las acículas y «dejaremos» que caiga un poco de ese riego en la superficie mojando esta lo justo como para que el sustrato cambie de color. Esta especie de «pulverización» la podremos hacer varias veces al día dependiendo de la rapidez con que se seque el sustrato.

RESUMEN:

El emplazamiento ideal será en un invernadero porque nos va a dar una humedad ambiental elevada, evaporación por vientos nula, temperatura controlada y estable e iluminación o exposición al sol ajustable a las necesidades del momento. ¡Ojo! Cuando vayamos a sacarlos al exterior elegiremos, preferiblemente, días lluviosos para que no sufran un golpe de sequedad al pasar de un ambiente húmedo a otro más seco y tendremos cuidado con los rayos del sol que pueden quemar las hojas puesto que el plástico del invernadero suele llevar protección contra los rayos ultravioleta en vista a la durabilidad del material.

Como consejo: tratemos los árboles trasplantados como si fuesen esquejes, tengamos cuidado.

Esperemos que os sirva de ayuda y recordad: AGUA DEL CIELO NO QUITA RIEGO.

Un saludo y hasta pronto.

David.