¡A la miera!

¡Buenas de nuevo, familia bonsailera!

Hoy traemos la formación de un juniperus oxycedrus, una especie autóctona con buenas cualidades para su cultivo como bonsái. Hojas cortas, buena capacidad de rebrote y una madera dura y aromática que deja grandes detalles en los ejemplares más viejos. El enebro de la miera, llamado así por su savia, debe hacerse o, debemos hacerle, un hueco en las colecciones de bonsái.

Este trabajo aborda la limpieza y delimitación de las zonas vivas y muertas, corrección de tocones, poda y alambrado. Lamentablemente no está apenas ramificado, así que el resultado final desluce bastante ya que la mayoría de las ramas principales son el eje con algún minúsculo brotecito, sin embargo, no nos pongamos en la negatividad absoluta, sentaremos las bases para formar un bonito bonsái aunque nos lleve algo más de tiempo.

Frente.

Parece mentira que no tenga casi ramas secundarias viendo el aspecto del árbol cuando llegó al estudio. Claramente, el alambrado no se iba a llevar la gran parte del tiempo de trabajo presupuestado. Nos enredaría algo más la limpieza de hojas para pasar el alambre y el trabajo de la madera muerta.

Giramos para cambiar el frente.

El frente elegido es algo girado en sentido antihorario. Desde ese punto se aprecia mejor la madera muerta y la linea del tronco. No se ve bien el nacimiento de la vena viva, pero la madera natural merece la pena sacrificar eso y tampoco va a ser el primer bonsái en saltarse esa regla.

Uno de los tocones trabajado.
Este es el que queda en el frente.

El siguiente paso, tras trabajarla, es dejar envejecer la madera antes de aplicar el líquido de jin ya que en las zonas recién trabajadas no penetra el producto y queda de color amarillento. En este caso, como había zonas de madera antigua con mucho poro y algunos tramos muy delgados, decidimos protegerla. En un año o dos habrá que limpiarla bien y volver a aplicar el sulfuro cálcico.

Ahora ya podemos comenzar con el alambrado. No lo veremos en detalle, nos centraremos en una zona en concreto. Ya dijimos que girábamos el frente, pero también lo inclinamos hacia adelante porque se escapa hacia atrás, debido a eso, hay una rama trasera que se dirige flagrantemente hacia arriba. Es del grosor de un pulgar aproximadamente y, como la madera más vieja de los enebros se vuleve muy rígida, solo hay dos opciones: cortarla y sustituirla por otra de más arriba o tratar de bajarla. Corremos el riesgo de que pueda secarse pero, si todo va normalmente, podremos aprovecharla.

Perece una Mantis esperando una presa despistada.

Como no va a doblar ‘a la antigua’, lo que haremos será separarla de la base con una rotura controlada para bajarla hasta donde debería estar.

Con la partidora de troncos hacemos una incisión en la base para poder separarla con garantías.
Ponemos un tensor anclado en un pequeño jin y procedemos a doblar poco a poco vigilando la rotura.
Llegado este punto, colocamos un torniquete para evitar que siga abriendo a partir de ahí.
Fijáos en la abertura conseguida hasta ahora, ya está horizontal, aun falta un poquito.
Aquí pararemos.
Protegemos la zona con selladora líquida.

Es posible dejar la rotura tal cual sin embargo, para evitar la entrada de insectos, ataques de hongos o que se seque la zona excesivamente rápido debido al viento o el hielo, aplicamos la pasta cicatrizante. Del mismo modo dejaremos el bonsái en el invernadero o, en su defecto, protegido de temperaturas extremas y del viento fuerte.

Este producto líquido, Top jin, está indicado para las podas en prunus ya que lleva un tratamiento de acción desinfectante, así evitamos la gomosis principalmente. Mas tiene una gran ventaja en el caso de roturas en ramas o troncos producidas por grandes torsiones ya que, si nos ayudamos de un alambre fino o un palillo, podemos hacer que llegue hasta el interior igual que hacemos con el sustrato en un trasplante, dejando la zona completamente protegida de los elementos externos.

Lateral izquierdo.
Antes y después.
Frente final.

El acabado no es ‘fino’ debido a la falta de ramitas, pero podemos apreciar el camino hacia el que se dirige.

En la rama principal se ha dejado un ‘tridente’. La rama más a la izquierda que se dirige hacia el tronco se ha dejado como tirasavias para favorecer el engorde. Del mismo modo se han dejado largas casi todas las ramas con el mismo objetivo. Cuando los brotes secundarios maduren un poco se podrán alambrar para seguir formando la estructura. En un par de años esa base de la ramificación podrá estar en el punto para comenzar a formar la ramificación fina y a densificar las masas de verde.

Esta primavera podrá trasplantarse si así lo quiere su dueño para corregir la posición de plantado y que pueda crecer en el ángulo correcto.

Esperemos que os haya gustado y ¡nos vemos en la próxima entrada!

Recordad que: AGUA DEL CIELO NO QUITA RIEGO.

Hasta pronto.

David.


Tal vez te interese asisitir a alguno de nuestros talleres monográficos para aprender a hacer este tipo de trabajos como el que acabas de ver.