Cómo hacer buenos nebaris en los pinos.

¡Hola, familia bonsailera!

Este 2021 ha sido un año en el que estamos realizando multitud de trasplantes, tanto de árboles del jardín como de ejemplares de clientes.

Ya dimos unos consejos para cuidar nuestros bonsáis tras esta labor y que alcancemos el éxito de una brotación correcta.

Dentro de esta vorágine de trasplantes hemos visto que, los grandes olvidados del arreglo de raíces son los pinos. Bien es cierto que no podemos podar como en un olmo o en un arce, que los podemos cortar hasta dejarlos casi como esquejes, reduciendo sus cepellones hasta una décima parte. En los pinos, eliminar más de tres cuartos de sus raíces es peligroso. Eso provoca miedo a equivocarse y el error suele venir por evitar meterse a fondo en el trabajo. En vez de pasarse cortando, la gente se pasa de quedarse corta y, ni limpian bien el sustrato, ni ordenan las raíces, ni, por supuesto, podan cuándo y dónde hay que cortar.

Hemos realizado los trabajos aquí descritos los días 23 y 24 de abril de este 2021, veremos un par de casos diferentes hoy y, en próximas entradas, aprovechando nuevos trasplantes, trataremos de ampliar la información para que se vaya perdiendo ese miedo que, lejos de proteger a nuestros bonsáis de pino, los perjudica enormemente; eso sí, lo notaremos a largo plazo, de manera lenta, con un debilitamiento paulatino de la planta y, en ese momento, habrá que tomar medidas correctoras que, además, deberemos de afrontar en varios trasplantes, con lo que tardaremos años en solucionar completamente los problemas.

¡No nos hagamos «caquítar» y al «atáquer»!


Supuesto número 1: Primer trasplante de un pino de origen yamadori (puede aplicarse a ejemplares obtenidos de viveros no especializados en bonsái).

Pongamos que este es el frente.

Como vemos en la imagen las raíces crecen hacia la derecha y luego se vuelven hacia la izquierda. Se trata del típico ejemplo de «raíces en ovillo» y ocurre cuando estas quedan encerradas y solo pueden dar vueltas, en este caso, los limites son la roca en cuya oquedad viviría este pino. En una planta cultivada en maceta, esta se planta en el centro y las raíces giran tomando la forma del contenedor. Este defecto es el más difícil de corregir porque hay que desenmarañarlas y después eliminar las que se pueda y las que no, acortarlas para forzar la ramificación interior que nos posibilite que, en sucesivos trasplantes, podamos ir solucionando todas las faltas hasta obtener un nebari correcto y sano.

Del otro lado la vista es igual de desalentadora.

Afortunadamente este yamadori se plantó previo lavado, lo que facilitó que tenga raíces en el interior del cepellón y eso hará que se pueda corregir en menos trabajos. Para este primer trasplante también se va a lavar.

¡PERO QUE A UN PINO NO SE LE PUEDEN LAVAR LAS RAÍCES QUE PIERDEN LAS MICORRIZAS! ¡QUE SI LOS LIMPIAS CON AGUA SE MUEREN!

Puede que alguien esté pensando eso en este momento, porque hay mucho mito y mucho tabú. Ahora la información es sacada de internet, pero no necesariamente de lugares especializados y eso no ayuda a mejorar nuestros conocimientos porque, del mismo modo que se puede acceder a artículos de calidad, también hay mucha desinformación. Es muy fácil encontrar técnicas que se etiquetan como nuevas y que llevan en el mundo del bonsái desde hace años. Recordemos que en Japón hay bonsáis que llevan cultivados como tal desde hace quinientos años. Por tanto, esto que vemos en este artículo no es nada nuevo, es algo que se obvia, se desconoce o se deja de hacer por puro miedo. Pero estas técnicas se pueden ver en cualquier revista especializada desde el siglo pasado.

Siguiendo con el lavado o no de raíces en los pinos. Mirad la foto de más arriba. Se pueden ver las micorrizas que tiene y ya se lavó anteriormente. No hemos lavado un cepellón de un pino que haya perdido el hongo, tras el trasplante, y antes de que acabe el periodo de crecimiento, se puede ver el manto blanco a simple vista sin hacer nada especial. Bastan unos meses para que llene el sustrato, por tanto no es algo de lo que debamos preocuparnos. Si el árbol sufre o muere tras el trasplante será por otros motivos, no por falta de micorrizas. Seguramente hayamos podado en exceso o los cuidados posteriores no han sido correctos y es más fácil que sea por lo segundo que por lo primero. Sin embargo, no debemos obviar que cuantos menos trasplantes lleve el bonsái a sus espaldas, más cautos deberemos ser a la hora de usar la tijera en las raíces. Esto es especialmente importante a la hora de recortar raíces gruesas (del mismo modo que, al cortar un tronco o rama muy voluminosos puede retirar savia, ese mismo efecto se produce en la parte enterrada, eso sí, algo minimizado por la protección frente a la desecación de encontrarse en el ambiente húmedo del sustrato.

Por el contrario, cuanto más joven es el pino, más agresiva podrá ser la poda en busca del nebari perfecto.

Los palillos nos indican el recorrido de una raíz larga.
Envuelve completamente el cepellón saliendo desde la base del tronco. El trazado empieza en el punto en que se hunde un poco para volver a subir, luego, sigue hacia la derecha, se va hacia atrás, gira hacia la izquierda, continúa por detrás del tronco y cambia hacia el frente serpenteando un poco. Es difícil de apreciar con lujo de detalles, pero esperemos que se entienda la situación.
Cortaremos en la marca. Justo a la izquierda hay una heridita y ahí salen un par de raíces.

Es vital limpiar y desenredar completamente cada raíz para comprobar desde dónde nace, hasta dónde llega y, lo más importante, la cantidad de ramificaciones finas que tiene para saber si podemos cortarla completamente o solo acortarla y hasta qué punto exactamente.

Una vez cortada.

Según vamos aclarando el cepellón repetimos el proceso. A saber: con el palillo vamos quitando sustrato sin peinar las raíces, es decir, no tiramos del palillo. Pinchamos, movemos un poco, principalmente arriba y abajo y, con los dedos, desenredamos las raíces poco a poco. Si es seguro cortar, cortamos y volvemos a lavar. De nuevo, palillo…así hasta que demos por concluída la tarea.

Hemos avanzado bastante. En el centro de la imagen vemos una raíz gruesa que ha sido acortada. Lo vamos a dejar así en este trasplante porque las raíces no tienen apenas ramificaciones cortas y cercanas a la base. Son todas muy largas.

La raíz gruesa que sale por debajo llega hasta el borde del cepellón, se ramifica y se vuelven todas hacia el centro. Una maravilla, vamos. Hay otra raíz tan importante como esta, menos gorda, pero igualmente ramificada, abundantemente, pero en la punta, así que solo podemos acortar esas bifurcaciones y esperar que salgan nuevas cercanas a la base. Anclaremos el árbol atando sin miramientos en estas raíces provocando que, con el crecimiento, se estrangulen un poco y estimulen la aparición de nuevas más cercanas al tronco.

Es bastante fácil venirse arriba eliminando defectos, de modo que, para prevenir males mayores, cada raíz que cortemos (salvo las muertas), las echaremos en un punto concreto o en un recipiente para poder saber qué volumen de cepellón estamos quitando, este truquito va a evitar que se nos vaya la mano.

Esto es lo cortado.
Para que comparemos el volumen que queda con el eliminado.

Tengamos en cuenta que al palillear, desenredar y lavar, se rompen o dañan pequeñas raicillas que se «pierden» en nuestro control, por lo tanto, debemos recordar estas que no se ven y lo tendremos en cuenta a la hora de estimar la cantidad perdida en el proceso. Ya solo queda plantar el árbol. Al hacerlo ordenaremos las raíces para que queden de la manera más radial posible a la par que las damos espacio entre ellas para que puedan desarrollarse perfectamente. No tenemos foto de ese acabado, pero, si se observa el grosor de las raíces, se puede adivinar que no se pudieron ordenar demasiado.

Supuesto número 2: Primer trabajo de material de semilla.

Este pequeño pino se rescató de la maceta de un acebuche en el que cayeron algunos piñones, así que se plantó tal y como salió.

¿De aquí se puede sacar un nebari correcto? Vamos a verlo…Lo primero es cortar la «torta» de debajo.
Lo blanco no son micorrizas, son raíces de hierbas. Micorrizas tiene pocas.
Más o menos visto desde el mismo punto. Ya limpio y lavado. Podríamos haber aprovechado para crear un estilo neagari, pero decidimos usarlo para este ejemplo.

Se aprecia claramente que las raíces toparon con la pared de la maceta y crecieron hacia abajo en forma de garra.

Del lado contrario.
Una vista más.
¡Al tajo! La señalada con el palillo nace donde indica la flecha, así que ahí podemos cortar la raíz gruesa que se clava hacia abajo.
La punta del palillo toca la raicilla que hemos dejado.
Visto desde el otro lado se bifurca bajando hacia el interior del cepellón.
La cortamos sin miramientos.
Esta es casi igual que la anterior pero más fina. El palillo marca la bifurcación. Cortamos la raíz que baja.
El palillo toca la raíz que dejaremos y que nace donde indica la flecha.
Ya la hemos cortado.
Resultado final. Habremos cortado unas ocho décimas partes del cepellón. En ejemplares jóvenes y sanos no es problema, pero no podemos hacer algo así en un primer trasplante de un pino de origen yamadori o que venga de un vivero siendo un material con varios años de cultivo a sus espaldas.
Plantaremos ordenando las raíces de manera lo más radial posible.
Del otro lado vemos que nos faltan raíces por donde pasa el alambre de sujección.

Tampoco salen a la misma altura, pero la mayor distancia es de medio centímetro. Cuando engorden un poquito se irán acercando. Cuanto más pequeño sea el tamaño final deseado del bonsái, más cercanas en altura deberán nacer las raíces principales. De todas maneras, el espacio en este ejemplo es suficiente para que no se note en el futuro.

Tras el error de no limpiar bien los cepellones y/o no cortar las raíces defectuosas, el segundo fallo más grave en los trasplantes, sean de la especie que sean, es dejar los nebaris demasiado arriba cuando todavía se encuentran en fases muy tempranas de formación con el consiguiente desarrollo de las sumamente antiestéticas raíces en forma de garra.

En este caso pondremos al menos un dedo grosor por encima de las raíces.

Si la parte superficial del sustrato se seca a demasiada velocidad, las raíces van a buscar la humedad hacia abajo, por eso se dan esos defectos y no debemos tener ninguna prisa en mostrar un nebari, por muy buena pinta que esté tomando, si aun no hemos llegado a su fase de mantenimiento.

Supuesto número 2, segundo ejemplo: Segundo trasplante de un pino cultivado desde semilla.

Este pino lo mostramos ya sin sustrato, completamente lavado.

Digamos que este es el frente.

Como se puede apreciar, esto ya es otra cosa y solo tiene un trasplante previo. Hay cosas que corregir, como siempre, pero aquí se puede ver un inicio de nebari prometedor.

Empezaremos por este pequeño lío de aquí.
Como lo hemos explicado anteriormente, no hacemos fotos una a una. Aquí ya está resuelto.

El lateral izquierdo. Hay una raíz que monta sobre el resto. Podría dejarse y, al fundirse con las otras, daría un buen aspecto. Pero al no ser un caduco, las raíces al fusionarse dejan rastro de lo que fueron en su día.
La cortamos y nos quitamos de jaleos futuros.
Sobre esta montaba la anterior. Vista desde el lado.
Se podía dejar pero, como el árbol se inclina en dirección contraria, la cortamos para que no se levante tanto de ese lado. Esta es también la razón que suma para cortar la anterior que montaba cruzada.
La parte trasera.
Se cruzan algunas, sin embargo, al ser finas, las colocaremos a mano.
Una vez desenredadas. Cuando lo plantemos las sujetaremos con el propio sustrato o con horquillas de alambre.
Pasamos ahora a la parte de debajo.
Vista cenital. Ahora mismo «levanta» unos ocho centímetros de grosor.
Quitamos las que crecen directas hacia abajo y las que se cruzan.
Vemos la cantidad de raíces cortadas en el proceso. Se ha quitado algo menos de la mitad del cepellón. La altura se ha reducido a unos dos o tres centímetros aproximadamente.
Frente. A la derecha de la base falta nebari, así que, las pocas raíces que tiene, las dejamos más largas que el resto para darlas ventaja.
Lateral izquierdo.
Parte trasera. Aquí también hay una zona algo pobre y también las dejamos con más longitud.
Lateral derecho.
Ordenamos las raíces sujetando con el sustrato y luego anclamos el árbol para que no se mueva.
Podemos dejar descubierto esto poquito del nebari.

Ahora no es tiempo de lucirlo. Necesitamos que nazcan raíces en las dos zonas mencionadas y, para eso, la zona debe mantener una humedad apropiada, si lo dejamos más levantado faltará esa hidratación necesaria y no saldrán raíces nuevas.

Cada trabajo en nuestros bonsáis debe estar encaminado a obtener un resultado y, según cada fase, debemos priorizar unos aspectos sobre otros. Los árboles no están todos los días del año «listos para exponer» y, si estamos en las primeras etapas de formación, menos todavía. Las prisas no son buenas consejeras y en el apasionante mundo del bonsái, menos todavía.

Esperemos que estos pequeños consejos os ayuden a perder el miedo y a mejorar los nebaris de vuestros bonsáis de pino.

Recordad que ¡AGUA DEL CIELO NO QUITA RIEGO!

Un saludo y hasta pronto.

David.