¡Hola!
¿Las micorrizas pueden ser un problema? ¿No son una ventaja para el árbol?
Pues la respuesta a estas dos preguntas es sí y no a la vez.
Veamos el por qué de este título:

Tenemos un Pinus sylvestris trasplantado hace dos años que ha dejado de drenar correctamente.

Antes del trasplante este es su aspecto.

Bueno, por la foto, el estado de la superficie del sustrato no parece muy alarmante y, tengamos en cuenta, que el anterior trasplante se hizo a raíz desnuda lavando el cepellón y plantando en kiryu 100% usando solo akadama decorativa en la parte superior. Se puede apreciar el inicio de la aparición de musgo y algunos granos de kiryu y akadama sueltos, sin embargo, también algunos granos se ven con verdín y eso sí es raro.

Al regar pasa esto ¡tenemos un lago en miniatura!

Hasta media hora después sigue el agua en la superficie.
Puede que, tras un trasplante cercano en el tiempo, nos encontremos con este problema, deja de drenar bien. La superficie está expuesta a los cambios de temperatura y humedad lo que hace que, sustratos blandos como la akadama, se degraden. Si sumamos a esto los restos de abono disuelto y el polvo del ambiente que se va posando, así como pequeños restos de hojas, la aparición de musgo, etc., nos toparemos con que esa parte superior se ha convertido en casi impenetrable para el agua. La solución suele ser sencilla: rascamos esa zona superficial para eliminar las partes degradadas, añadimos sustrato nuevo y ¡solucionado! De hecho, la mayoría de las veces, al trasplantar, nos encontramos con que solo esa primera capa está mal, el resto del sustrato permanece casi intacto y, en algunos casos, se cae casi sin tocarlo.
Así que procedimos con el truco del almendruco.

Limpiamos, regamos de nuevo y…¡nada! Bueno, hay poco espacio, ¡pero se podría nadar en nuestro lago privado!

Como no se solventó la falta de drenaje tocaba trasplantar. No es la primera vez que la micorriza colapsa un cepellón de un pino hasta este punto. A los pinos les gusta estar plantados en pura piedra, se desarrollan muy bien y son felices, sin embargo, hablando con un alumno, él también había observado esto: el tener una falta de retención de agua por el sustrato hace que las micorrizas se desarrollen de manera superlativa para obtener ese agua que el sustrato no es capaz de retener y acaban por colapsar el drenaje en pos de la capacidad para hidratarse en condiciones adversas. Tampoco es peligroso, la simbiosis con el hongo, hace que nuestro bonsái esté mejor preparado para la absorción de agua que sin ella, a pesar de que la humedad no pueda penetrar con facilidad en el interior. 1cm de raíz micorrizada equivale a 300cm de raíces sin micorrizar. De modo que el pino seguirá viviendo sin problemas aunque tarde en absorber el agua de riego y tarde en perder esa hidratación pero claro, así el abono sólido no puede disolverse bien, por lo que estaríamos abonando menos de lo deseado y por ende, tampoco el riego cumple con una de sus funciones, oxigenar las raíces al penetrar en la tierra.
Para solucionar esto solo tenemos que añadir akadama en la mezcla hasta un 30%, si ponemos más podríamos sufrir exceso de humedad en las raíces y eso es bastante peor problema en los pinos (como excepción, los pinos thunbergii pueden llevar más cantidad de akadama).

¿Se puede estar más micorrizado? Difícilmente. No se cae ni un grano, hay que “arrancarlo de las garras del hongo”.

Traplantamos y aprovechamos para cambiar el ángulo de plantado para llevarlo a su frente elegido y lo pusimos en una maceta más adecuada a su tamaño.

Pinus sylvestris, “Hippocampus”.
2020/04/04 13x14cm

Esperamos que esta entrada os sirva de ayuda en vuestro cultivo y, ¡con que este mame os guste la mitad que a nosotros nos conformamos!

Un saludo y hasta la próxima.
David.

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