¡Hola!

Siempre nos vamos a econtrar con nuevos retos a la hora de diseñar un bonsái y para ello debemos tener claro los conceptos básicos de modo que podamos escoger la opción más adecuada aunque, la que puede ser la mejor para mí, no tiene por que ser tu preferida porque, para gustos, los colores y, una vez se tiene claro qué es lo prescindible del árbol, luego se entra en el terreno de las preferencias personales que, del mismo modo, están sujetas a cambios según nuestro estado de ánimo.

El objeto de esta entrada es un ejemplar de pino silvestre de origen yamadori que diseñó un alumno durante una clase. Como nos quedábamos sin tiempo, el alambrado y modelado lo hice yo siguiendo sus indicaciones.

Diseño de Pinus sylvestris. David Soto Estudio de Bonsái.
Nuestro arbolito listo para su diseño. 2019/10/04

Pedimos al alumno que nos diese, no solo una posibilidad de diseño (la que más le gustase), si no que analizase todas las posibilidades y nos dijese porqué las iba descartando. Hemos de tener presente que con un árbol de un grosor tan pequeño es casi como tener un lienzo en blanco delante.

Había dos opciones primarias: usar todo el árbol o formarlo con la primera rama. La lástima es que no hicimos fotos de cada uno de los frentes por lo cual tendréis que usar la imaginación al máximo.

Vamos a ir enumerando cada alternativa:


1.Formar el árbol en estilo inclinado. Usamos el frente actual y con todo el verde. Se pierden algunas curvas muy bonitas pero podría quedar muy resultón.
2.Seguimos con este frente y ahora usamos solo la primera rama. Quedaría un bunjin corto con la copa cayendo por debajo del tronco.
3. Esta vez planteamos doblar el tronco para abajo desde la primera gran curva hacia la izquierda para formar una cascada. Podemos hacer la versión larga y la corta.
Versón “extendida”.
4. Además de doblar, inclinamos el tronco más hacia la izquierda. Mejoramos la sensación natural de la cascada anterior pero perdemos algo de estabilidad en la base.
La opción larga.
5. Doblar el tronco para compactarlo y hacer un shohin.
6. Levantando el árbol hacia la derecha y hacia delante podemos obtener un bunjin muy bonito.
Notad la diferencia con tan solo modificar la orientación de las masas de verde.

El diseño queda más estable, es decir, podemos darle más o menos movimiento a nuestro bonsái según cómo coloquemos nuestras ramas.

7. Esta es la opción preferida del alumno.
A veces se comete el error de, con el fin de equilibrar un árbol que, como en este caso, se mueve mucho a la derecha, poner el ápice en la dirección contraria lo que soluciona el problema a medias, ya que nos encontramos con que creamos direcciones contrapuestas originando contradicción.
Lo vemos mejor poniendo la maceta
En macetas redondas el árbol se planta en el centro. Imaginemos que es ovalada.

Puede que nos encontramos este caso. El tronco se planta desplazado del centro en el lado contrario al movimiento del árbol lo que nos indica claramente hacia dónde se dirige el diseño, pero si tenemos nuestro ápice mirando hacia el lado contrario se hace evidente dicha contradicción.
Si lo plantamos al lado opuesto marcamos el movimiento junto con el ápice pero ahora deberíamos modificar las ramas dando más importancia a la primera de la izquierda.

Con estas reflexiones queremos dejar claro que no nos vale con montar un triangulito encima de nuestro tronco. Démosle sentido. Todo el conjunto ha de ser coherente y, aunque tengamos direcciones opuestas, siempre habrá una dirección dominante y las contrarias servirán para dar equilibrio, si una fuerza opuesta compite en importancia, tendremos la temida contradicción que hará que nuestro ojo siempre vea algo raro por mucho que nos guste el bonsái en cuestión.

Resultado final.

La primera rama y la que sale a la derecha del ápice, han de ganar en longitud, todo lo contrario que las de la izquierda, que deberemos mantenerlas lo más cortas posible para señalar el movimiento hacia la derecha que marcan el nacimiento del tronco, la primera rama y el giro desde la rama de contrapeso hacia el ápice. Esa primera rama de la izquierda con la caída en vertical, compensa la dirección tan marcada de esas tres partes hacia la derecha. El ápice también cae a la derecha de la base del árbol desde su vertical.

Lateral izquierdo.
Espalda.
Lateral derecho.

De todos los diseños que hemos puesto existen infinidad de variantes según cómo dispongamos las masas de verde, más o menos numerosas, más o menos grandes, más o menos delgadas…

¿Con que opción te quedas tú?
¿Tienes otras ideas de diseño?

No os hemos puesto las razones de los descartes que hizo el alumno, pensad en el porqué de cada decisión, meditadlo un momento, es la mejor manera para que aprendáis incluso con lo que creáis que es un error de quien hizo un diseño.

Eso es lo bonito y lo apasionante del bonsái, que a cada cual nos inspira algo diferente, eso sí, ¡que no nos lleve al pozo de la contradicción!

Un saludo y hasta la siguiente entrada.

David Soto.

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