En febrero de 2011, durante un viaje a Bélgica, encontré este pino en casa de un bonsaísta y, al verlo, me imaginé su aspecto en el futuro. Para mí era un bonsái “hecho”. Doblamos aquí, está rama para allá y ¡a exponer! Esa sensación de haber encontrado un tesoro es indescriptible.

El movimiento del tachiagari, con el codo que hace la continuación del tronco y el nacimiento de las dos subramas son un perfecto material de partida. En ese punto parece un puño sosteniendo un rayo, de ahí el nombre de este Pinus sylvestris que es mi mayor orgullo.

Podéis ver el trabajo completo en el número 11 de Bonsai Focus.

 

2018

Zeus

 

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