¡Hola!

¿Un título raro? Os lo explicamos.

Cuando nos entregan un árbol para el servicio Trabajamos tu árbol normalmente nos dejan a nuestro parecer el cómo trabajarlo o diseñarlo, otras veces nos solicitan que expliquemos qué queremos hacer y cómo para poder elegir entre las diferentes opciones cuál es la que más les gusta y, de vez en cuando, nos piden algo muy concreto que, siempre y cuando sea viable por las cualidades del material, pues lo llevamos a cabo. Este es el caso de un pino silvestre de tamaño shohin que llegó a nuestras instalaciones con el objetivo de “tener un árbol de la Kokufu”.  Pensaréis: eso no es tan fácil. Cierto. Lo que nuestro cliente quería era copiar el diseño de un akamatsu presentado en el concurso más prestigioso del planeta.

¡Copiarlo! ¿Eso es ético? Y más aún, ¿es posible? Siempre que el material tenga ciertas similitudes, claro que es viable. ¿Es ético? También creemos que sí. Evidentemente, en todo proceso creativo, la inspiración no viene de la nada. Las musas se alimentan de nuestras experiencias, de lo vivido, visto, oído y sentido. Esa fuente de iluminación la encontramos en la naturaleza y en las exposiciones de bonsái. Cuantos más árboles naturales y más bonsáis veamos, mayor será nuestro registro de diseños posibles. De ahí, nacerán bocetos muy parecidos a algo en concreto o por el contrario, muy diferentes, pero todos ellos basados en esas imágenes almacenadas en nuestro cerebro. Recordad esa frase: “está todo inventado”, sentencia totalmente cierta y, a la vez, completamente errónea.

De todos modos, el bonsái no es una ciencia exacta y cada árbol es diferente, de tal manera que es imposible hacer dos bonsáis completamente iguales.

Vamos a presentaros al protagonista de nuestro artículo de hoy:

Antes de retocarlo.

Su dueño lo había trabajado previamente mas no le convencía. No era lo que quería y su deseo era formarlo con “esa idea de diseño”. Ya había previsto él la nueva inclinación de plantado, estaba cerca, pero suponemos que le pasó lo que nos ocurre a veces: nos frustramos al no fructificar nuestros esfuerzos y el cerebro se obceca y nos hace procastinar, nos mete en una espiral de negatividad difícil de superar y abandonamos la actividad que, paradójicamente, estaba proporcionándonos felicidad.

El objetivo ideal.

Aquí el que era nuestro reto. Cuando se hizo con el pino, su fuente de inspiración fue este “pinazo”. Evidentemente no son iguales, pero sí que tienen ciertas semejanzas. Un fuerte movimiento cerca de la base que se dirige hacia la derecha adornado con un shari para moverse hacia arriba y girar en dirección opuesta a la del tachiagari hasta el momento en el que se vuelve sobre sí mismo dejando la copa enmarcada por las filigranas del tronco. Una maravillosa alegoría del movimiento.

Las diferencias, obviando, lógicamente, la especie y el tamaño, son que, el tronco del densiflora es más largo y algo más sinuoso, sobre todo en la parte vertical. El shari de nuestro pino es de mucha mayor calidad y más corto, puesto que no llega hasta casi el verde como en el pino japonés, sin embargo posee más jines.

Teniendo en cuenta los pros y los contras pasamos a la acción.

Al ser la longitud del tronco del silvestre más corta, la parte horizontal superior se hace muy larga. Estamos tomando como fuente de inspiración un árbol con un diseño muy particular que ha sido perfectamente resuelto y es muy proporcionado. Esa relación es la que debemos copiar, por tanto, reduciremos la longitud introduciendo curvas y al mismo tiempo, alargaremos el tronco para hacerlo más armónico. ¿Cómo es eso posible? Si damos curvas se acorta visualmente, ¿no? En este caso, daremos una curva de 180º hacia el interior del árbol y gracias a ello acercaremos el verde al tronco. Luego recolocaremos la copa que, si bien es cierto que estaba orientada de manera correcta, al cambiar la configuración del tronco y habiéndolo girado al dar las curvas, se quedaba descolocada.

Aspecto final.

No es exactamente igual y sin embargo, se parecen mucho. Ahora hay que desarrollar la ramificación para dotarlo de madurez, pero eso solo lo da el tiempo si lo ayudamos con un correcto cultivo.

Esperemos que os haya gustado.

¡Hasta pronto!

David.

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