¡Hola!

Como primera entrada del año tenemos un pino silvestre trabajado en un seguimiento anual.

El árbol recién adquirido. 2014. Noviembre.

El dueño lo compró en un mercadillo a buen precio. Era un riesgo puesto que tenía claros síntomas de exceso de riego. La consigna era clara: no darlo ni una gota de agua de más.

El invento de su dueño.

Como no tenía invernadero, su dueño le puso una maceta invertida por encima para evitar que la lluvia lo regase demasiado. Gracias a ese control perfecto en el riego en invierno el árbol pudo ser trasplantado. Era muy arriesgado el trasplante, pero lo era más dejarlo un año entero sin saber qué pasaba bajo el sustrato.

Aspecto 7 meses después del trasplante. 2015. Octubre.

En el trasplante vimos con sorpresa la causa de su mal drenaje. Tenía un cuenco invertido en el fondo de la maceta por lo que su drenaje se reducía al agua que podía salir a presión entre el cuenco y el culo de la maceta de plástico. Suponemos que se colocó para ahorrar sustrato. La idea no es mala siempre y cuando posibilite el buen drenaje, cosa imposible en este caso  ya que la pieza de cerámica no tenía agujeros.

Aun le quedan agujas amarillentas de años anteriores.

Y llegó el momento de trabajarlo. 2016. Diciembre.

Se podó el verde sobrante en octubre de 2015 para fomentar la fuerza del resto y provocar algo de brotación trasera. Se dejó crecer con fuerza y antes de trabajarlo se podaron todas las puntas dejando los brotes interiores. El alumno pidió opinión sobre ciertos aspectos del diseño y se lanzó a por ello.

Tras el trabajo.

Con ayuda de un jack redujo la curva del tronco y colocó el verde. La rama de arriba sobra y la rama que forma toda la copa cruza por delante del tronco, pero la idea está muy bien.

2017. Diciembre.

Un año después del trabajo el árbol está increíblemente fuerte. Aunque se han mantenido los tensores, aparece despeinado. Esta vez, el alumno nos pidió dar un repaso al diseño. Como hemos dicho anteriormente, la rama cruza el tronco, así que es lo primero a corregir.

A mitad de camino.

 

Rama descruzada.

El desdoblado se hizo con mucho cuidado separando suavemente para poder moverla.

Doblando.

Hay que acercar más esa curva puesto que el tronco se aleja demasiado de la base.

Una vez doblado.

Se ha cerrado bastante la curva. Ahora hay que colocar el verde y reubicar la continuación del tronco que hace un ángulo recto y se aleja.

Hecho.

Habría que doblarlo un poco más, pero estaba partiendo y se decidió parar. Se podrá cerrar más el año que viene.

Como el verde se ha ido hacia atrás, toca devolverlo hacia el frente.

Ahora hay que colocar el verde.

 

Final.

Se inclinó el árbol como quería su dueño y se cambió un poco el frente, de este modo se ve más compacto. Se han disimulado al máximo los defectos potenciando el tronco que se veía un poco repetitivo con el frente anterior. Las agujas son enormes, pero cuando se reduzca su tamaño gracias a la ramificación, se verá muy bien.

Esperamos que os guste tanto como a su dueño, que quedó encantado con el resultado final. Él hizo el trabajo inicial, con algo de ayuda en cosas básicas, lo intentó y, en ese proceso, aprendió muchas más cosas que si nos hubiese encargado el trabajo directamente. Se puede aprender observando, pero hay que intentar hacer las cosas. Sin una guía es más fácil equivocarse, pero con algo de ayuda es posible. Lo ideal en estos casos es pedir ayuda profesional, analizar y afrontar el reto. De este modo ha visto dónde falló, cómo sulucionarlo y hasta qué punto se puede llegar. El siguiente intento lo hará mejor.

Habrá quien no se atreva y lo deje todo en manos profesionales, pero lo que sí es un error es, sin tener los conocimientos necesarios, afrontar un diseño sin orientación. No debemos tener miedo a pedir ayuda.

 

Hasta pronto.

David.

 

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